La casa que creció mirando al mar, frente a la Rambla y el Paseo Marítimo de Badalona, de Alventosa Morell

Una casa entre medianeras que, pese a sus estrechos límites, encuentra en la luz y en el aire su verdadero espacio libre; volcada hacia la Rambla y a sus palmeras, recibe de continuo la brisa marina.

A quince kilómetros del centro de Barcelona, Badalona ha construido su identidad con una rica historia. Con más de 200.000 habitantes, la ciudad conserva la huella de Baetulo, la colonia romana del siglo I a. C. que dio origen a Dalt de la Vila, su casco antiguo, y también la memoria de un intenso pasado industrial —textil, químico, metalúrgico— que, entre los años cincuenta y sesenta, atrajo oleadas de migración desde el sur de España y levantó barrios enteros con una fuerza comunitaria que todavía define su carácter. Tras el declive industrial de los años setenta, Badalona recuperó su relación con el mar en la década siguiente. Se derribaron antiguas naves, se recuperaron las playas y el Paseo Marítimo dejó de ser una frontera para convertirse en el eje vital de la ciudad. La Rambla, el gran paseo lleno de terrazas, que discurre de forma paralela al Paseo Marítimo, funciona como zona de encuentro y el auténtico salón compartido de la ciudad, y explica —junto al mar y sus playas— buena parte de su vida cotidiana. 

La fachada de la casa, objeto de este proyecto, vuelca sobre la Rambla, con la inmensidad del mar a la vista. Es ese doble vínculo —con la calle y el horizonte marino, tan próximo— el punto de partida de esta vivienda, construida para una familia de tres personas, sobre una parcela estrecha entre medianeras, por Alventosa Morell Arquitectes y Pàmies Arquitectura.

La estructura que ordena toda la casa

La casa ocupa el ancho completo del solar y se desarrolla en cuatro niveles y una terraza accesible. Toda la organización interior nace de una decisión estructural, en planta baja, una serie de pórticos de hormigón libera el espacio y sostiene los niveles superiores, resueltos a partir de aquí con muros portantes de ladrillo. Ese cambio de una estructura puntual a otra de carga continua no es solo un recurso constructivo, es el argumento que ordena toda la casa. Los muros de ladrillo, pintados de blanco, filtran la luz, enmarcan las vistas y desarrollan el ritmo de una secuencia de espacios que se suceden en altura, amplificando la iluminación natural al reflejarla de una estancia a otra.

Planta baja: un umbral que cruza la manzana

La planta baja funciona como un espacio pasante que conecta las dos calles que delimitan la parcela. Un acceso da servicio al garaje, mientras que el gran portón de madera se orienta hacia la Rambla y abre la vivienda directamente al frente marítimo. La doble altura de este vestíbulo recibe luz cenital desde la planta superior e ilumina la escalera de caracol en el recorrido vertical de este primer tramo.

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